08 diciembre 2009

Carta 22.

Querida Stella,

El Pájaro, el vuelo! difícil de explicar este poema, amiga. Imagina el pájaro antes de su primer vuelo, el sol recién salido, las alas y las plumas húmedas por el rocío de la mañana, el miedo antes de saltar (esto es un equívovo, porque dudo que un pájaro tenga miedo de eso, es algo instintivo). Quizás esa sea la clave, la contraposición entre lo que es institivo en el animal sin humanizar y lo que es miedo, raciocinio en el animal humano.

En el fondo quisiera que fuera una metáfora de enfrentarse a la vida, al recorrido vital...ese vértigo que nos recorre en la toma de decisiones. El samurái contempla en su reflexión y meditación esta escena y se plantea cómo será su vida (en ese momento histórico del japón donde los samuráis pierden su estatus social y son degradados en cierto modo, tienen que cortarse la coleta y son obligados a dejar de llevar armas). Para ellos fue como una degradación moral, una humillación que llevó a muchos al seppuku o harakiri, inclusa a algunos a alazarse contra el sistema en conatos de pequeñas rebeliones (sofocadas por el ejército japonés). Los samuráis eran amigos de la lanza y de la espada, pero también del haiku (pequeña estrofa métrica de 7, 5 y 7 versos) donde condensaban en tres versos grandes reflexiones.
Este es un poco el sentido del poema. Lo de la decadencia del samurái puede entroncar con la decadencia moral de cualquier persona, la derrota personal de la sociedad en la que vivimos y nos vemos abocados a comulgar con ruedas de molino, a pasar por el aro....


Bueno, ya no sé si todo esto lo dice el poema o me lo invento sobre la marcha... ahora te toca a ti.....ilustra!!!

Ventu

23 noviembre 2009

Postal 05.

23 de noviembre 2009

Amic Ventura.

El caso es que si hubieras estado callado es posible que me hubiera creído que acababas de irte de vacaciones. Aunque quizá un poeta de vacaciones sea una redundancia, claro está. Yo nada más decirte que sigo aquí, por el sur, que hasta granada noche (postal adjunta) te echa de menos (ole, jeje). Sí, es una postal típica. Quería enviarte alguna de chicas en bikini, que sé que te gustan (poeta vicioso), pero tendría que haber enviado una de hombres en ... bikini, por aquello de la paridad, pero empieza a entrar el frío y como que no pega. El mensaje es el mismo "wish you were here".El caso es que sí, son muchos temas pendientes, demasiados, como siempre. Pero como siempre espero que sigan surgiendo más y, si no es mucho pedir, concluir alguno. Se le echa de menos como público en las lecturas y se le echan de menos las críticas que me hace.Abrazo mío y besos de todos los demás

Jorge

15 noviembre 2009

Postal 04.


Querido Alexis,

no sé si el mar será igual en todos los lugares del mundo. No tendré tiempo en vida para comprobarlo. Pero veo los mares que he visto y no puedo apartar el pensamiento de imaginar cómo será el tuyo, el de tu Habana, ahora que sé que has decidido colaborar en el proyecto de "Poesía en el Tupper", la misma idea que tuvieras tú, como me cuentas, años atrás, y como se viene haciendo desde años en La Habana, ron mediante, amigos y casas.

Sólo saludarte brevemente,
ya espero el momento de coincidir en persona, amigo.
un abrazo
El mar es el de Liverpool. Ya tuyo también.

Ventura

Postal 03.


Aunque con meses de retraso, amigo Jorge, te mando esta postal de Fuerteventura. Y

me pregunto si llegará el día en que nos veamos las jetas y acabemos de decidir qué hacer con lo de Ciudad Poética. Creo que vamos a tener que hacer un encuentro en breve.

me saluda usté a su gente.

Le abraza

Ventura Camacho

Carta 21.

Querido Ventura:

Amigo, estuve una semana en Murcia, trabajando y sin ordenador más que 30 minutos desde el hotel donde me alojaba. Así que tarde un poco en tener serenidad para saludarte.

Es la carta, siempre, ese abrazo inacabable, esa posibilidad de recibir y acoger al mejor tú, de darse desde lo pertinaz del otro, ese otro que es tu-yo, y su-yo. No juego con las palabras, me expongo, quizá torpemente, desde el comienzo, con una deuda de gratitud hacia ti.

Recibo tu carta y la leo. Dejo que repose. Sigo en otros asuntos y vuelvo a ella. Sigue cálida la tinta, tiznandonos mutuamente.

Sabes de mi lo poco que pude y supe decir en la entrevista con Mario, Pepe y Oscar, en la que yo acompañaba por complicidad a Quique Falcón, verdadero protagonista o casi, porque era la poesía en la forma de La Marcha de los 150.000.000 la invitada y la que dio buena cuenta de esa hora entrañable con los mago-poetas soperos.

Poco importa quien soy, pero ese poco se dice pronto, no hay secreto, no hay misterio. Viktor es una persona muy corriente, empleado de banca y poeta, padre de familia y vecino de Valencia, animador cultural y voluntario en el Casal de la Pau (ahora llevo dos meses sin ir y estoy jodido).

Mi poesía quiere ser dialógica. Palabra dada, que se expone, desde un temblor por las orfandades y por los sufrimientos, también por la íntima sospecha de que amar, convivir, resistir y escribir son una sola manera de ser, de mirar el mundo, de andar por él y ser parte ínfima pero insumisa en la gran farándula del presente herido.

Por carta suelo hablar de todo y nada, de los detalles y también de las dudas, de complicidades, de miedos y de esperanzas, de alegrías y también de fracasos. Con amigos, igual me importa contarles el tiempo y lo que hice en una rutinilla cualquiera como reflexionar sobre un verso de Paul Celan, Miguel Hernández o Eduardo Milán.

Creo que hay que cuidar las amistades y las cartas ayudan, en el trasiego y prisas de la ahoridad, tan tristemente emboscada en quehaceres improductivos para la fraternidad o excesivamente productivos para la sociedad de mercado y rentabilidad económica.

Las cartas que recibo y las que envío ayudan a mantener los vínculos. Eso que Ángel Calle nos insta a acrecentar y fortalecer frente a una cultura de la individualidad exasperante, enajenada y narcotizada.

La poesía, las cartas, el tomar unos vinos, el ir juntos a una manifestación o al cine, el acompañar en la resistencia a los que reclaman "Pobreza cero". Todo eso es mi vida ahora, lo que me alimenta el espíritu.

La amistad, "El río de los amigos" de los que habla Rafa Saravia parafraseando al ínclito Antonio Gamoneda, es crucial para mi día a día.

Las buenas re-lecturas, de los maestros, Celan, Jabès, Ajmatova, Holan, Dalton, Lorca, Pizarnik, Paz, Varela, Rimbaud, Núñez, Mandelstam, Wang Wei, etc., son cartas, son propicias escrituras para con-versar desde el interior de uno con el uno que vive, ese poema a poema por el que uno tiene una experiencia ampliada de la existencia propia y del mundo.

Mi mujer, Juani, mis hijos, son otro mundo en el mundo,comunicado, comunicante, también a veces, refugio, trinchera.

Me preguntas por la valencia en llamas desde la que una hecatombe de artistas y poetas resisten la hegemonia de una cultura masiva bajo el espectro del pensamiento único y la pseudo-cultura kitsch. Y eso requiere otra carta, que te participaré pronto.

Lo cierto es que hay bastantes poetas y pintores y artistas en Valencia que al menos están de acuerdo en una cosa, aunque luego cada uno se resuelva y manifieste de singular y heterogenea manera:

No nos domesticarán facilmente.
En derrota puede, pero no en doma,
se puede decir parafraseando ahora a otro grande, Claudio Rodríguez.

Un abrazo grande, compa.

Pronto te cuento lo de Valencia en llamas...

Cuidate bueno,

Tu Víktor

08 noviembre 2009

Carta 20.

Querido Víctor,

contigo me agarro a esa valentía creada virtualmente que nos da la torpeza suficiente (o el acierto) para dirigirnos con total confianza como si de viejos amigos nos tratáramos. Tiene que ver, intuyo, con nuestras áreas geográficas compartidas, nuestros espacios en común, vaya, con las amistades que compartimos gracias a la poesía. Yo sé de ti lo que quisiste decir en la entrevista de Sopa de Poetas y eso es suficiente. No sé lo que sabes de mí y eso es también suficiente.

Y además me confesaste tu aprecio a este género epistolar y cómo lo cultivas con algunas amistades. Ahora yo lanzo carta y me siento a esperar respuesta, que me cultives un rato.

No sé que pensarás, ¿A través de sus cartas se conoce al poeta “desliteraturizado”, o ¿quizás deberíamos decir otra faceta del poeta “humanizado”? Dos preguntas absurdas donde las haya con respuestas de escaso valor, probablemente. No sé, pensaba ahora en eso.

Yo tuve la necesidad en su día de leer el Epistolario completo de García Lorca porque quería ver cómo era en su intimidad el hijo, el hermano, el amigo… y eso me llevó tirando del hilo a otros muchos epistolarios que me dan un aire más completo y sin duda más cercano, de otros tantos escritores. En Salinas, sin ir más lejos, sus cartas son estudios personalísimos de sus mejores obras: amor / carta / poesía son casi la misma cosa en algunos momentos.

Habría que aclarar cuánto dice de nosotros una carta.

Yo aprovecho para preguntarte sobre tus cosas, sobre tu Valencia en llamas, sobre las
acciones poéticas que lleváis a cabo por el Levante y sobre tu poesía. Me gustaría saber más, en qué andas, y con quién….para decirte quién eres, claro!

Admite esta breve carta desordenada como un inicio y tenga usted la bondad de contestarme.


Ahí te llega el abrazo.


Ventura

Carta 19.

Querida Verónica!


Tengo una deuda de tiempo y contestación a tu carta de junio. Aquí mis disculpas en fila de a dos.


Me gustó aprender de tu carta algo que sólo imaginaba y es que a veces las personas no se conocen pero se intuyen positivamente. Créeme que me pasa lo mismo.

Sé por tus palabras que buscaste mi libro por Granada sin éxito y ese fracaso tuyo es un regocijo mío extraño, de esos inconfensables. Simple: es difícil de explicar que alguien esté interesado en las cosas que un servidor tenga que decir y dedique de su tiempo una parte pequeña a buscar el libro. Porque que nos digamos cosas así, en mitad de la calle, frente a la librería de Alea Blanca, está bien, pero el poema escrito, el que tienes delante y citas, ése no rectifica, no tartamudea, no entona ni cambia de tema, se queda inmóvil donde se decidió que era definitivo y ahora, se mueve en tu lectura de nuevo, pero dice lo que dice, y no puede ser más de lo lo que es…


No sé por qué te escribo esto. Tampoco me preocupa demasiado. Sé que si no me entiendes con intuirme bastará. Me hablas en tu carta de ríos, y con el Darro hemos topado. Salto atrás en la memoria y me haces salir de casa y bajar la calle hasta el Paseo de los Tristes (he tardado un minuto) y escuchar esa mañana soleada granadina junto al río y maldecirte, sí, por sembrar el veneno de la nostalgia de nuevo.

Y que pasen cien años más sin entendernos en un verso, que recorreremos sólo un instante sin admirar a quien escribe porque no sabe hacer otra cosa y duda si alguien entenderá que lo que escribe tiene de incierto desde el inicio al fin.

Un abrazo

Ventura