23 noviembre 2009
Postal 05.
Amic Ventura.
El caso es que si hubieras estado callado es posible que me hubiera creído que acababas de irte de vacaciones. Aunque quizá un poeta de vacaciones sea una redundancia, claro está. Yo nada más decirte que sigo aquí, por el sur, que hasta granada noche (postal adjunta) te echa de menos (ole, jeje). Sí, es una postal típica. Quería enviarte alguna de chicas en bikini, que sé que te gustan (poeta vicioso), pero tendría que haber enviado una de hombres en ... bikini, por aquello de la paridad, pero empieza a entrar el frío y como que no pega. El mensaje es el mismo "wish you were here".El caso es que sí, son muchos temas pendientes, demasiados, como siempre. Pero como siempre espero que sigan surgiendo más y, si no es mucho pedir, concluir alguno. Se le echa de menos como público en las lecturas y se le echan de menos las críticas que me hace.Abrazo mío y besos de todos los demás
Jorge
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A Ventura Camacho,
De Jorge B. Ortiz,
Postal
15 noviembre 2009
Postal 04.

Querido Alexis,
no sé si el mar será igual en todos los lugares del mundo. No tendré tiempo en vida para comprobarlo. Pero veo los mares que he visto y no puedo apartar el pensamiento de imaginar cómo será el tuyo, el de tu Habana, ahora que sé que has decidido colaborar en el proyecto de "Poesía en el Tupper", la misma idea que tuvieras tú, como me cuentas, años atrás, y como se viene haciendo desde años en La Habana, ron mediante, amigos y casas.
Sólo saludarte brevemente,
ya espero el momento de coincidir en persona, amigo.
un abrazo
El mar es el de Liverpool. Ya tuyo también.
Ventura
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A Alexis Díaz Pimienta,
De Ventura Camacho,
Postal
Postal 03.
Aunque con meses de retraso, amigo Jorge, te mando esta postal de Fuerteventura. Y
me pregunto si llegará el día en que nos veamos las jetas y acabemos de decidir qué hacer con lo de Ciudad Poética. Creo que vamos a tener que hacer un encuentro en breve.
me saluda usté a su gente.
Le abraza
Ventura Camacho
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A Jorge B. Ortiz,
De Ventura Camacho,
Postal
Carta 21.
Querido Ventura:
Amigo, estuve una semana en Murcia, trabajando y sin ordenador más que 30 minutos desde el hotel donde me alojaba. Así que tarde un poco en tener serenidad para saludarte.
Es la carta, siempre, ese abrazo inacabable, esa posibilidad de recibir y acoger al mejor tú, de darse desde lo pertinaz del otro, ese otro que es tu-yo, y su-yo. No juego con las palabras, me expongo, quizá torpemente, desde el comienzo, con una deuda de gratitud hacia ti.
Recibo tu carta y la leo. Dejo que repose. Sigo en otros asuntos y vuelvo a ella. Sigue cálida la tinta, tiznandonos mutuamente.
Sabes de mi lo poco que pude y supe decir en la entrevista con Mario, Pepe y Oscar, en la que yo acompañaba por complicidad a Quique Falcón, verdadero protagonista o casi, porque era la poesía en la forma de La Marcha de los 150.000.000 la invitada y la que dio buena cuenta de esa hora entrañable con los mago-poetas soperos.
Poco importa quien soy, pero ese poco se dice pronto, no hay secreto, no hay misterio. Viktor es una persona muy corriente, empleado de banca y poeta, padre de familia y vecino de Valencia, animador cultural y voluntario en el Casal de la Pau (ahora llevo dos meses sin ir y estoy jodido).
Mi poesía quiere ser dialógica. Palabra dada, que se expone, desde un temblor por las orfandades y por los sufrimientos, también por la íntima sospecha de que amar, convivir, resistir y escribir son una sola manera de ser, de mirar el mundo, de andar por él y ser parte ínfima pero insumisa en la gran farándula del presente herido.
Por carta suelo hablar de todo y nada, de los detalles y también de las dudas, de complicidades, de miedos y de esperanzas, de alegrías y también de fracasos. Con amigos, igual me importa contarles el tiempo y lo que hice en una rutinilla cualquiera como reflexionar sobre un verso de Paul Celan, Miguel Hernández o Eduardo Milán.
Creo que hay que cuidar las amistades y las cartas ayudan, en el trasiego y prisas de la ahoridad, tan tristemente emboscada en quehaceres improductivos para la fraternidad o excesivamente productivos para la sociedad de mercado y rentabilidad económica.
Las cartas que recibo y las que envío ayudan a mantener los vínculos. Eso que Ángel Calle nos insta a acrecentar y fortalecer frente a una cultura de la individualidad exasperante, enajenada y narcotizada.
La poesía, las cartas, el tomar unos vinos, el ir juntos a una manifestación o al cine, el acompañar en la resistencia a los que reclaman "Pobreza cero". Todo eso es mi vida ahora, lo que me alimenta el espíritu.
La amistad, "El río de los amigos" de los que habla Rafa Saravia parafraseando al ínclito Antonio Gamoneda, es crucial para mi día a día.
Las buenas re-lecturas, de los maestros, Celan, Jabès, Ajmatova, Holan, Dalton, Lorca, Pizarnik, Paz, Varela, Rimbaud, Núñez, Mandelstam, Wang Wei, etc., son cartas, son propicias escrituras para con-versar desde el interior de uno con el uno que vive, ese poema a poema por el que uno tiene una experiencia ampliada de la existencia propia y del mundo.
Mi mujer, Juani, mis hijos, son otro mundo en el mundo,comunicado, comunicante, también a veces, refugio, trinchera.
Me preguntas por la valencia en llamas desde la que una hecatombe de artistas y poetas resisten la hegemonia de una cultura masiva bajo el espectro del pensamiento único y la pseudo-cultura kitsch. Y eso requiere otra carta, que te participaré pronto.
Lo cierto es que hay bastantes poetas y pintores y artistas en Valencia que al menos están de acuerdo en una cosa, aunque luego cada uno se resuelva y manifieste de singular y heterogenea manera:
No nos domesticarán facilmente.
En derrota puede, pero no en doma,
se puede decir parafraseando ahora a otro grande, Claudio Rodríguez.
Un abrazo grande, compa.
Pronto te cuento lo de Valencia en llamas...
Cuidate bueno,
Tu Víktor
Amigo, estuve una semana en Murcia, trabajando y sin ordenador más que 30 minutos desde el hotel donde me alojaba. Así que tarde un poco en tener serenidad para saludarte.
Es la carta, siempre, ese abrazo inacabable, esa posibilidad de recibir y acoger al mejor tú, de darse desde lo pertinaz del otro, ese otro que es tu-yo, y su-yo. No juego con las palabras, me expongo, quizá torpemente, desde el comienzo, con una deuda de gratitud hacia ti.
Recibo tu carta y la leo. Dejo que repose. Sigo en otros asuntos y vuelvo a ella. Sigue cálida la tinta, tiznandonos mutuamente.
Sabes de mi lo poco que pude y supe decir en la entrevista con Mario, Pepe y Oscar, en la que yo acompañaba por complicidad a Quique Falcón, verdadero protagonista o casi, porque era la poesía en la forma de La Marcha de los 150.000.000 la invitada y la que dio buena cuenta de esa hora entrañable con los mago-poetas soperos.
Poco importa quien soy, pero ese poco se dice pronto, no hay secreto, no hay misterio. Viktor es una persona muy corriente, empleado de banca y poeta, padre de familia y vecino de Valencia, animador cultural y voluntario en el Casal de la Pau (ahora llevo dos meses sin ir y estoy jodido).
Mi poesía quiere ser dialógica. Palabra dada, que se expone, desde un temblor por las orfandades y por los sufrimientos, también por la íntima sospecha de que amar, convivir, resistir y escribir son una sola manera de ser, de mirar el mundo, de andar por él y ser parte ínfima pero insumisa en la gran farándula del presente herido.
Por carta suelo hablar de todo y nada, de los detalles y también de las dudas, de complicidades, de miedos y de esperanzas, de alegrías y también de fracasos. Con amigos, igual me importa contarles el tiempo y lo que hice en una rutinilla cualquiera como reflexionar sobre un verso de Paul Celan, Miguel Hernández o Eduardo Milán.
Creo que hay que cuidar las amistades y las cartas ayudan, en el trasiego y prisas de la ahoridad, tan tristemente emboscada en quehaceres improductivos para la fraternidad o excesivamente productivos para la sociedad de mercado y rentabilidad económica.
Las cartas que recibo y las que envío ayudan a mantener los vínculos. Eso que Ángel Calle nos insta a acrecentar y fortalecer frente a una cultura de la individualidad exasperante, enajenada y narcotizada.
La poesía, las cartas, el tomar unos vinos, el ir juntos a una manifestación o al cine, el acompañar en la resistencia a los que reclaman "Pobreza cero". Todo eso es mi vida ahora, lo que me alimenta el espíritu.
La amistad, "El río de los amigos" de los que habla Rafa Saravia parafraseando al ínclito Antonio Gamoneda, es crucial para mi día a día.
Las buenas re-lecturas, de los maestros, Celan, Jabès, Ajmatova, Holan, Dalton, Lorca, Pizarnik, Paz, Varela, Rimbaud, Núñez, Mandelstam, Wang Wei, etc., son cartas, son propicias escrituras para con-versar desde el interior de uno con el uno que vive, ese poema a poema por el que uno tiene una experiencia ampliada de la existencia propia y del mundo.
Mi mujer, Juani, mis hijos, son otro mundo en el mundo,comunicado, comunicante, también a veces, refugio, trinchera.
Me preguntas por la valencia en llamas desde la que una hecatombe de artistas y poetas resisten la hegemonia de una cultura masiva bajo el espectro del pensamiento único y la pseudo-cultura kitsch. Y eso requiere otra carta, que te participaré pronto.
Lo cierto es que hay bastantes poetas y pintores y artistas en Valencia que al menos están de acuerdo en una cosa, aunque luego cada uno se resuelva y manifieste de singular y heterogenea manera:
No nos domesticarán facilmente.
En derrota puede, pero no en doma,
se puede decir parafraseando ahora a otro grande, Claudio Rodríguez.
Un abrazo grande, compa.
Pronto te cuento lo de Valencia en llamas...
Cuidate bueno,
Tu Víktor
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A Ventura Camacho,
De Víctor Gómez
08 noviembre 2009
Carta 20.
Querido Víctor,
contigo me agarro a esa valentía creada virtualmente que nos da la torpeza suficiente (o el acierto) para dirigirnos con total confianza como si de viejos amigos nos tratáramos. Tiene que ver, intuyo, con nuestras áreas geográficas compartidas, nuestros espacios en común, vaya, con las amistades que compartimos gracias a la poesía. Yo sé de ti lo que quisiste decir en la entrevista de Sopa de Poetas y eso es suficiente. No sé lo que sabes de mí y eso es también suficiente.
Y además me confesaste tu aprecio a este género epistolar y cómo lo cultivas con algunas amistades. Ahora yo lanzo carta y me siento a esperar respuesta, que me cultives un rato.
No sé que pensarás, ¿A través de sus cartas se conoce al poeta “desliteraturizado”, o ¿quizás deberíamos decir otra faceta del poeta “humanizado”? Dos preguntas absurdas donde las haya con respuestas de escaso valor, probablemente. No sé, pensaba ahora en eso.
Yo tuve la necesidad en su día de leer el Epistolario completo de García Lorca porque quería ver cómo era en su intimidad el hijo, el hermano, el amigo… y eso me llevó tirando del hilo a otros muchos epistolarios que me dan un aire más completo y sin duda más cercano, de otros tantos escritores. En Salinas, sin ir más lejos, sus cartas son estudios personalísimos de sus mejores obras: amor / carta / poesía son casi la misma cosa en algunos momentos.
Habría que aclarar cuánto dice de nosotros una carta.
Yo aprovecho para preguntarte sobre tus cosas, sobre tu Valencia en llamas, sobre las
acciones poéticas que lleváis a cabo por el Levante y sobre tu poesía. Me gustaría saber más, en qué andas, y con quién….para decirte quién eres, claro!
Admite esta breve carta desordenada como un inicio y tenga usted la bondad de contestarme.
Ahí te llega el abrazo.
Ventura
contigo me agarro a esa valentía creada virtualmente que nos da la torpeza suficiente (o el acierto) para dirigirnos con total confianza como si de viejos amigos nos tratáramos. Tiene que ver, intuyo, con nuestras áreas geográficas compartidas, nuestros espacios en común, vaya, con las amistades que compartimos gracias a la poesía. Yo sé de ti lo que quisiste decir en la entrevista de Sopa de Poetas y eso es suficiente. No sé lo que sabes de mí y eso es también suficiente.
Y además me confesaste tu aprecio a este género epistolar y cómo lo cultivas con algunas amistades. Ahora yo lanzo carta y me siento a esperar respuesta, que me cultives un rato.
No sé que pensarás, ¿A través de sus cartas se conoce al poeta “desliteraturizado”, o ¿quizás deberíamos decir otra faceta del poeta “humanizado”? Dos preguntas absurdas donde las haya con respuestas de escaso valor, probablemente. No sé, pensaba ahora en eso.
Yo tuve la necesidad en su día de leer el Epistolario completo de García Lorca porque quería ver cómo era en su intimidad el hijo, el hermano, el amigo… y eso me llevó tirando del hilo a otros muchos epistolarios que me dan un aire más completo y sin duda más cercano, de otros tantos escritores. En Salinas, sin ir más lejos, sus cartas son estudios personalísimos de sus mejores obras: amor / carta / poesía son casi la misma cosa en algunos momentos.
Habría que aclarar cuánto dice de nosotros una carta.
Yo aprovecho para preguntarte sobre tus cosas, sobre tu Valencia en llamas, sobre las
acciones poéticas que lleváis a cabo por el Levante y sobre tu poesía. Me gustaría saber más, en qué andas, y con quién….para decirte quién eres, claro!
Admite esta breve carta desordenada como un inicio y tenga usted la bondad de contestarme.
Ahí te llega el abrazo.
Ventura
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A Víctor Gómez Ferrer,
De Ventura Camacho
Carta 19.
Querida Verónica!
Tengo una deuda de tiempo y contestación a tu carta de junio. Aquí mis disculpas en fila de a dos.
Me gustó aprender de tu carta algo que sólo imaginaba y es que a veces las personas no se conocen pero se intuyen positivamente. Créeme que me pasa lo mismo.
Sé por tus palabras que buscaste mi libro por Granada sin éxito y ese fracaso tuyo es un regocijo mío extraño, de esos inconfensables. Simple: es difícil de explicar que alguien esté interesado en las cosas que un servidor tenga que decir y dedique de su tiempo una parte pequeña a buscar el libro. Porque que nos digamos cosas así, en mitad de la calle, frente a la librería de Alea Blanca, está bien, pero el poema escrito, el que tienes delante y citas, ése no rectifica, no tartamudea, no entona ni cambia de tema, se queda inmóvil donde se decidió que era definitivo y ahora, se mueve en tu lectura de nuevo, pero dice lo que dice, y no puede ser más de lo lo que es…
No sé por qué te escribo esto. Tampoco me preocupa demasiado. Sé que si no me entiendes con intuirme bastará. Me hablas en tu carta de ríos, y con el Darro hemos topado. Salto atrás en la memoria y me haces salir de casa y bajar la calle hasta el Paseo de los Tristes (he tardado un minuto) y escuchar esa mañana soleada granadina junto al río y maldecirte, sí, por sembrar el veneno de la nostalgia de nuevo.
Y que pasen cien años más sin entendernos en un verso, que recorreremos sólo un instante sin admirar a quien escribe porque no sabe hacer otra cosa y duda si alguien entenderá que lo que escribe tiene de incierto desde el inicio al fin.
Un abrazo
Ventura
Tengo una deuda de tiempo y contestación a tu carta de junio. Aquí mis disculpas en fila de a dos.
Me gustó aprender de tu carta algo que sólo imaginaba y es que a veces las personas no se conocen pero se intuyen positivamente. Créeme que me pasa lo mismo.
Sé por tus palabras que buscaste mi libro por Granada sin éxito y ese fracaso tuyo es un regocijo mío extraño, de esos inconfensables. Simple: es difícil de explicar que alguien esté interesado en las cosas que un servidor tenga que decir y dedique de su tiempo una parte pequeña a buscar el libro. Porque que nos digamos cosas así, en mitad de la calle, frente a la librería de Alea Blanca, está bien, pero el poema escrito, el que tienes delante y citas, ése no rectifica, no tartamudea, no entona ni cambia de tema, se queda inmóvil donde se decidió que era definitivo y ahora, se mueve en tu lectura de nuevo, pero dice lo que dice, y no puede ser más de lo lo que es…
No sé por qué te escribo esto. Tampoco me preocupa demasiado. Sé que si no me entiendes con intuirme bastará. Me hablas en tu carta de ríos, y con el Darro hemos topado. Salto atrás en la memoria y me haces salir de casa y bajar la calle hasta el Paseo de los Tristes (he tardado un minuto) y escuchar esa mañana soleada granadina junto al río y maldecirte, sí, por sembrar el veneno de la nostalgia de nuevo.
Y que pasen cien años más sin entendernos en un verso, que recorreremos sólo un instante sin admirar a quien escribe porque no sabe hacer otra cosa y duda si alguien entenderá que lo que escribe tiene de incierto desde el inicio al fin.
Un abrazo
Ventura
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A Verónica Moreno,
De Ventura Camacho
17 octubre 2009
Carta 18. In memoriam.
Barcelona, 16 de octubre de 2009.
Julio, amigo. Ya no estás.
No sé si la carta que me enviaste hace escasas semanas era para publicarla en este epistolario o si no, si simplemente querías que esas cuantas líneas fueran tu manera de justificar el silencio de los últimos meses, de esta distancia física que separaba nuestra Granada de nuestra Barcelona. Te lo pregunté pero no llegó a tiempo la respuesta.
Déjame decirte que eres mi primer muerto en Granada. Y eso me enseña que la ciudad me pertenece ahora un poco más. Ya sé que hablo de la muerte con brusquedad en esta frase, pero no quisiera disminuir el dolor de la pérdida. No es la palabra la que hiere, sino la ausencia que encierra. A la muerte se le habla con sinceridad. Tú lo entenderías.
Las ciudades que se saltan las reglas, las que ahogan la emoción, las que son vida, muerte y reencarnación, ésas son las ciudades que nos pertenecen definitivamente. Tú ahora me perteneces para siempre y sé que Granada también. No sabes cómo te lo agradezco. Eso te lo debo a ti.
Uno no espera nunca el helado viento que recorre la carne y detiene lo insignificante de a diario para decirte lo que no uno no desea oír jamás.
Corro a la librería, busco tu libro, abro las primeras páginas y aparece tu dedicatoria:
Like a bird on the wire
Like a drunk in a midnight chour
I have tried in my way to be free
(Bird on the wire, L. Cohen)
Y luego me llamas amigo, poeta, te alegras de haberme conocido y me llamas “rara avis” y entonces sonrío, y sé por qué lo dices… Insistes, siempre amigo sincero, dices como despedida, y le doy la importancia de un templo a esas tres palabras. siempre, amigo, sincero…
Voy al comedor, busco en la bolsa, saco el libro de Mishima y releo el fragmento en el que habla de la reencarnación. Enciendo el incienso y la vela esperando guiar así tu alma errante hasta aquí. Cone le tiempo aturdido me siento a esperar. Tengo entre 7 y 77 días para saber en quién te reencarnarás, y aguardo, en la letanía de tus versos, en la piel de tus meses.
Busco el poema dedicado al mes de octubre y leo:
(…) Pero tú, al final del pasillo de los meses
me esperas tranquila y poderosa,
segura de llevarme cautivo y sin regreso
por esta última tarde de octubre.
Me acuerdo de tu Carmen. Ella te llora en desconsuelo ahora. Me lo ha dicho Marta. No podrá olvidar el mes de octubre.
Me repito cien veces que teníamos una amistad especial a pesar del poco tiempo compartido. Cinco veces lo repito y cien veces te revivo.
Tiro atrás, hacia las cosas que apuntalan sin dar voces. Recuerdo como después de leer mi “Alas de insecto” viniste a mí para agradecerme el libro. Me contaste que en un viaje de visita a tu hijo, con tu exmujer, leísteis el libro y los poemas golpearon la conciencia, sirvieron de reflejo de algo muy vuestro. No sé si supe decirte lo que tus palabras causaron en mí, si supe agradecerte la generosidad de contarme lo íntimo, lo que ponemos cerca de la sombra.
Y hablamos mucho de aquello y poco o nada de poesía.
Quiso la voluntad del que da forma a nuestros argumentos, que fueras una de las últimas personas que viera el día antes de abandonar Granada. Y precisamente ese encuentro casual, cerca de casa en el Paseo de los Tristes, tenía mucho que ver con lo que nos unió, con aquello de lo que tan sentidamente hablamos. Vi en tu mirada cierto orgullo de padre y una extraña alegría por la oportunidad brindada de conocer a tu hijo. Nos deseamos suerte mutua, dejamos en el Darro varios consejos para la vida, y no volvimos a vernos.
¿Qué hubiera pasado si por causas del azar, la persona que tenía que haber leído aquel jueves de abril en la Senda de Oro no hubiera fallado desarmando así la oportunidad de hacerte el hueco del que ya no disponíamos para ti entre los poetas que leerían? Estamos unidos por azares preciosos.
A tu manera has intentado ser libre, como Cohen.
Y en esa carta que me envías junto a los teléfonos que había perdido me cuentas tu lucha contra la muerte. Nombras el archivo adjunto con “Querido y añorado Ventura” y el título ahora rechina en mis dientes y me estremezco. “No he querido darle mucha publicidad entre los amigos” me cuentas, “Quien lo sabe, me pregunta. Quien no lo sabía desde el principio, lo va sabiendo ahora”.
Lamentas además no haber tenido el tiempo, las fuerzas de escribir alguna carta para el Epistolario. “Recibe la fuerza de mi amistad y mi cariño” me escribes y lo que pasaría por una mera formalidad, se torna en profundo dolor.
Un día de estos te llamo, te había escrito yo. Y no lo hice. Es mío ahora el lamento de las cosas que tendrían que haber sucedido y no lo hicieron. Pero ahora lo hago, con esta carta y estos versos que escribí hace solo unos pocos días que ahora son tuyos:
Este aroma,
el incienso buscando el todo
y destinado a la nada,
esta fragancia
ascendente,
te orienta por siempre
hacia mí.
El poema es más extenso, querido Julio, pero no he escrito todavía lo que sigue.
Siempre amigo sincero,
Ventura
¿Qué hubiera pasado si por causas del azar, la persona que tenía que haber leído aquel jueves de abril en la Senda de Oro no hubiera fallado desarmando así la oportunidad de hacerte el hueco del que ya no disponíamos para ti entre los poetas que leerían? Estamos unidos por azares preciosos.
A tu manera has intentado ser libre, como Cohen.
Y en esa carta que me envías junto a los teléfonos que había perdido me cuentas tu lucha contra la muerte. Nombras el archivo adjunto con “Querido y añorado Ventura” y el título ahora rechina en mis dientes y me estremezco. “No he querido darle mucha publicidad entre los amigos” me cuentas, “Quien lo sabe, me pregunta. Quien no lo sabía desde el principio, lo va sabiendo ahora”.
Lamentas además no haber tenido el tiempo, las fuerzas de escribir alguna carta para el Epistolario. “Recibe la fuerza de mi amistad y mi cariño” me escribes y lo que pasaría por una mera formalidad, se torna en profundo dolor.
Un día de estos te llamo, te había escrito yo. Y no lo hice. Es mío ahora el lamento de las cosas que tendrían que haber sucedido y no lo hicieron. Pero ahora lo hago, con esta carta y estos versos que escribí hace solo unos pocos días que ahora son tuyos:
Este aroma,
el incienso buscando el todo
y destinado a la nada,
esta fragancia
ascendente,
te orienta por siempre
hacia mí.
El poema es más extenso, querido Julio, pero no he escrito todavía lo que sigue.
Siempre amigo sincero,
Ventura
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De Ventura Camacho
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