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07 marzo 2014

Carta 28.


CARTA A DON ANTONIO MACHADO




  Barcelona, 22 de febrero de 2014







Querido maestro;

y decir maestro referido a usted es referirse a varias de sus acepciones: Persona que enseña un arte, una ciencia, o un oficio, especialmente la que imparte el primer ciclo de enseñanza”, que en su caso sabemos que coincide con su dedicación a la enseñanza del francés, y por otro lado,aquella acepción que dice: “Persona que ha adquirido una gran sabiduría o experiencia en una materia”, y pienso que la materia podría ser no sólo la literatura sino lo que hay antes de la literatura y se me antoja imprescindible para esa recreación: la misma contemplación de la vida.





Escribo esta carta por admiración, por puro placer de conectar con su obra desde mi, por egoísmo, pero sobre todo por agradecimiento, por el regalo que su obra significa en mi concepción de la vida. 

En unos días estaré frente a su tumba de nuevo, vida/muerte, ajeno a las banales polémicas sobre si usted debiera estar enterrado donde está o devuelto a Madrid como defienden algunos. No entiendo bien por qué, en el supuesto de traer de vuelta sus restos mortales, debiera ser Madrid quien acogiera su reposo si quizás para usted el balcón a la eternidad estaría más cerca de Sevilla donde fuera infancia, de Soria, donde amara y fuera amado, o de Segovia donde volviera a amar esta vez sin tanto éxito. Uno debería morir y descansar donde amó la vida, esa es mi opinión al respecto, y sé que en Madrid usted también fue feliz y que nunca quiso salir de allí a pesar de la amenaza de la Guerra. Probablemente no sea para usted un problema que soliviante su descanso, convencido yo de que de donde no quiere que le arranquen es del mismo cielo donde ahora se encuentra con su querida madre y hermanos, con Leonor y donde antes de entrar, le dieran un tirón de orejas por algunas de sus dudas y reproches. En la puerta del Cielo alguien abrió un libro señalando algunos versos:

Señor, me cansa la vida
y el universo me ahoga.
Señor, me dejaste solo,
solo, con el mar a solas.

*
Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.

Pero era de entender, maestro, perdonable incluso la duda, el cuestionamiento. Uno nunca acaba de aprender a situarse frente a la muerte. Leonor enferma en París y nada se puede hacer por ella. Ese dolor inversamente proporcional al amor que sintiera por ella le lleva al vacío, la soledad es insostenible desde ahí:

Soledad,
sequedad.
Tan pobre me estoy quedando,
que ya ni siquiera estoy
conmigo, ni sé si voy
conmigo a solas viajando



Eso lo sabe San Pedro e imagino que Dios, a quien no tengo el gusto de conocer en persona. 


Recuerdo las palabras de Abel Martín recordadas por Juan de Mairena: Un Dios existente – decía mi maestro – sería algo terrible. ¡Qué Dios nos libre de él! Y el mismo Mairena anunciaba a sus alumnos el contenido de la lección del día siguiente: “La lección 29. “De la posible inexistencia de Dios”

He seguido su rastro geográfico, don Antonio, sus itinerarios vitales. Una identificación con su persona me ha llevado a seguir sus pasos por el país que defendiera con pasión y que años después, aquí en mi querida tierra catalana, en mi íntima Barcelona, en mi casa, fuera probablemente esa defensa, motivo para que Barcelona rechazara la participación de la ciudad en la Red de Ciudades Machadianas (integrada por Sevilla, Soria, Segovia, Baeza, Rocafort y Colliure).



Quizás no debería decirle esto, pero a mi me causa dolor que mi ciudad, por razones políticas obvias, no le de importancia a su paso por esta ciudad. Si bien en su biografía, haber vivido en Barcelona, en el Hotel Majestic del Passeig de Gràcia durante casi nueve meses no haya significado gran cosa, es un hecho relevante en mi opinión por su simbolismo, al ser el último lugar estable antes de verse obligado a salir de su país, de manera triste y dolorosa, junto con otros muchos catalanes, cruzar la frontera y morir en el intento. El primer paso hacia el desarraigo, un momento crucial en lo que todavía no se imaginaba sería el final de sus días. 




Las ciudades deberían ser agradecidas con sus habitantes, incluso con aquellos que están de paso. He rastreado los artículos que escribiera desde la habitación de ese hotel frente al que me detuve la otra noche a contemplarlo como si estuviera usted dentro, como si fuera a salir a tomar el fresco en cualquier momento. Le cuento con cierta amargura, que vi en televisión – imagino que alguien le habrá hablado ya de qué es eso de la televisión – que los dueños del Hotel han tenido la maravillosa idea de rebautizar con su nombre una de las suites del hotel. El dueño parecía orgulloso de que la minuta por dormir una noche alcance los mil trescientos euros a pesar de admitir que ni siquiera ésa era la habitación donde usted residiera, que la suya era más pequeña y modesta. Fantástico homenaje muy en su linea de pensamiento,¿ no cree, maestro? . Imagino la opinión que eso le merece. Probablemente alguna sorna haría justicia en su boca. Las cosas no han cambiado mucho por aquí ni por allá. Siguen vigentes, más que nunca sus versos:

Fue un tiempo de mentira, de infamia. A España toda,
la malherida España, de Carnaval vestida
nos la pusieron, pobre y escuálida y beoda,
para que no acertara la mano con la herida.

Muchos no sabrán que usted llego a publicar artículos en La Vanguardia y que los reuniera bajo el título de Desde el Mirador de la Guerra y donde cuenta cosas sobre la condición humana y la guerra. Dice usted cosas de mi tierra y su cultura que dicen mucho de usted y de su talante, se le nota cierta necesidad de agradecer a la ciudad que le acoge en su itinerario de huída.

En esta egregia Barcelona – hubiera dicho Mairena en nuestros días- perla del mar latino, y en los campos que la rodean y que yo me atrevo a llamar virgilianos, porque en ellos se da un perfecto equilibrio entre la obra de la Naturaleza y la del hombre, gusto de releer a Juan Maragall, a Mosén Cinto, a Ausias March, grandes poetas de ayer, u otros, grandes también de nuestros días.

Le pido disculpas en nombre de la incultura y la ceguera política, don Antonio. Entiéndalo, usted pronunció demasiado la palabra España y por aquí a nuestros gobernantes les incomoda un poco esa palabra. Probablemente no le hayan leído, como usted sí leyó a los grandes poetas catalanes, y no sean capaces de ver más allá de esa palabra y no sepan que una persona como usted, al margen de banderas, de idiomas, con su talento y su bondad, es una buena imagen para la ciudad, un ejemplo y una fuente de aprendizaje. No hay más ciego que el que no quiere ver. “¡Hay que vivir! . Es el grito de bandera, siempre que los hombres se deciden a matarse”, escribía usted. Esa fuera su bandera más importante. Si uno no cree en lo que limita ¿Dónde traza uno sus fronteras, querido don Antonio? Y usted me respondería:





Nunca traces tu frontera,
ni cuides de tu perfil:


todo eso es cosa de fuera.


Busca a tu complementario,
que marcha siempre contigo,
y suele ser tu contrario.

Permítame abrirle otra herida – sé que ésta no me lo perdonará – en Madrid rechazaron también la participación en esta red de ciudades machadianas todavía de forma más esperpéntica: alegando que “ya tienen muchos poetas”. Esto lo escuché en una mesa redonda de boca del Leocadio Marín, alcalde de Baeza, que todavía no se había sacudido el asombro. La estupidez es universal, don Antonio y me imagino que si conociera a la pléyade de facinerosos que gobiernan el Ayuntamiento de Madrid, no le sorprendería que nadie moviera un dedo por un republicano.





Rosa Regàs hablaba sobre usted con pasión hace unos días. Lamentaba que el Instituto Francés en Barcelona hiciera más por mantener viva su figura que muchas otras entidades nacionales, y se lamentaba de que no estuviera presente en la escuela. Una profesora entre el publico intervino para llevarle la contraria en este último aspecto y para dejar constancia de que sí se le estudia en las aulas.

Pero yo me pregunto cómo, don Antonio, basándome en mi propia experiencia. En mi caso no acabé de conocer la verdadera trascendencia de su obra hasta no cursar un doctorado en Granada pasados los treinta años. Pienso que si la vida no me hubiera llevado a Granada, todavía ignoraría la verdadera relevancia de su legado. ¿Cómo enseñamos nuestra cultura, maestro, cuándo estamos realmente preparados para entenderla?

Ahora cambio de tercio, que no quisiera parecer un cascarrabias, y atendiendo a sus palabras, “nosotros no hemos de incurrir en el error de tomarnos demasiado en serio”, me atreveré a no tomarme muy en serio ni a mi mismo ni a los demás y volveré a la narración de aquello que me une a usted, desatendiendo lo que me desune con los míos.

Le quería contar que estuve en aquel patio de Sevilla imaginando su infancia, alegrándome por la curiosa cifra de cien años que separan nuestros nacimientos, paseando por Triana, el barrio de su madre, el barrio de su infancia, sabiendo de su padre, don Antonio Machado Álvarez, Demófilo, conocido por ser el primer investigador del mundo del flamenco, el mismo barrio de su hermano Manuel, el gran desconocido y sin embargo igualmente talentoso.

Por aquellos años estuve también en Soria y recorrí el Duero hasta San Saturio, deteniéndome en la ribera para comprobar que “El Duero, corre, terso y mudo, mansamente” y levantar la mirada del libro y ver ese manso río y acordarme de Heráclito, tomar algunas notas, y aprender que yo tampoco sería nunca el mismo río.

cruzar el largo puente, y bajo las arcadas
de piedra ensombrecerse las aguas plateadas
del Duero.





En Soria el amor. 


Conmigo irás mientras proyecte sombra
mi cuerpo y quede a mi sandalia arena.
-¿Eres la sed o el agua en mi camino?

Usted no tiene por qué saber que yo conozco bien Baeza, que he visto los olivos fascinado, que he respirado el intenso olor a aceite, que he visto esa mezcla de ciudad castellana y andaluza y que conozco su belleza. Usted estaba demasiado triste para verla. Incapaz de ser feliz en Baeza, a ver como destacaba su alcalde, la belleza de la ciudad, usted tan dado a detenerse ante lo bello; el mar de olivo, como yo los vi, como yo pude ver la niebla cubrir ese manto verde y mezclarse con el olor penetrante del aceite, contemplar los cerros de Úbeda. Si que dejó por escrito el mar de olivos que la rodea:

Desde mi ventana,
¡campo de Baeza
a la luna clara!


*


Campo,campo, campo
Entre los olivos,
los cortijos blancos.
Y la encina negra,
a medio camino
de Úbeda a Baeza


*


Campo de Baeza
soñaré contigo


cuando no te vea



El recuerdo del amor perdido, probablemente la incredulidad, el rechazo, el enfado, la pena. Todas las etapas del llanto, siete años en Baeza, los días malos:


Los olivos grises,
los caminos blancos.
El sol ha sorbido
la calor del campo;
y hasta tu recuerdo
me lo va secando
este alma de polvo


de los días malos



Recuerdo con claridad el día que visité en Baeza el aula donde usted impartía clases, notando su presencia y la del mismo Federico García Lorca en su viaje de estudios. Federico, con quien le uniera una gran amistad, y a quien usted le dedicara un poema elegíaco “El crimen fue en Granada”, me llevara a mi a Granada donde podría por fin conocer su obra un poco más a fondo.





En Segovia estuve también. Una humilde pensión de maestro de escuela. Como en Baeza. Ya la herida curada, su corazón vuelve a latir. Guiomar, mujer casada, amor o juego. Sus viajes a Madrid. Todo avanza, la ciudad cambia a una velocidad imparable. La vieja Castilla del 98 ya no se canta. Jóvenes poetas publican nuevos versos: García Lorca, Alberti, Salinas, Guillén, Cernuda, la Residencia de Estudiantes, La Institución Libre de Enseñanza. Algo se mueve en Madrid.

Pero ella no faltará a la cita. La muerte vestida de guerra fraticida. El absurdo totalizador,





Al borde del sendero un día nos sentamos.

Ya nuestra vida es tiempo, y nuestra sola cuita


son las desesperantes posturas que tomamos


para aguardar...Mas Ella no faltará a la cita

Eso aprendí yo de su obra. En cuatro elementos 

VERDAD (OBJETIVIDAD), INTUICIÓN, TEMPORALIDAD y SENTIMENTALIDAD se concretaba todo. 

El tránsito por estos cuatro elementos convertirá su poesía en la poesía del tiempo existencial y el tiempo histórico y a usted (y a sus heterónimos) en algo más que un poeta: en un pensador, en un filósofo siempre con el ánimo de trascender en la búsqueda de la objetividad.
Una búsqueda humilde de un hombre bueno. Esa es la razón, y no otra, de mi identificación con su persona, don Antonio.





Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria de los hombres mi canción



Se ha dicho que su muerte significó el verdadero fin de la la guerra. Francia ya había reconocido el gobierno de Burgos y posponía la ayuda a los que cruzaban la frontera invitándoles a darse media vuelta. Mientras usted perdía su maleta con cuatro libros y algunos apuntes camino de la frontera. 



Le acompañan su madre y uno de sus hermanos. Corpus Barga se encarga de llevarle en un coche. Habían conseguido una carta para usted donde el Gobierno de la República se comprometía a hacerse cargo de todos sus gastos. Le hubiera gustado leer la estima que le tenía Corpus Barga. Relata con ternura su llegada a Colliure:



en Colliure no tuvo más remedio que entrar a pie. Estaban arreglando el suelo en la avenida de la estación. Pero él podía andar apoyado en un bastón, arrastrando los pies más que de costumbre. El problema estaba en su madre, la viejecita, porque el otro hijo cargó con el equipaje. No era difícil la solución. La cogí en mis brazos, pesaba como una niña y mientras la llevaba me susurraba en el oído; “¿llegamos pronto a Sevilla?”

El ofrecimiento del gobierno de la República para viajar a París calló en saco roto. En París estaba el recuerdo de la enfermedad de Leonor. La pensión Bunyol-Quintana en Colliure . Tener una camisa limpia y otra secándose y compartirla con su hermano, haciendo turnos para poder salir vestidos a la calle, nunca en el mismo momento. La anécdota hermosa y triste que cuenta Corpus Barga en sus memorias: la anciana enferma creyendo que vuelve a su tierra. Pero todavía le quedarían fuerzas para ver morir a un hijo.

Usted escribió aquello de “tengo la certeza de que el extranjero / significaría para mi la muerte”. No se equivocaba.





Gracias, don Antonio. Dejaré esta carta en el buzón que el escultor Manolo Valiente pusiera para que no se pierda, con la lluvia, con el viento, las cartas y homenajes que los visitantes han ido dejando, año tras año, sobre su tumba.


Siento si le he aburrido relatando los pasajes de su vida que usted ya conoce por razones obvias.  Espero, ya no le molesto más, tener el gusto de algún día conocerle en persona.



Siempre suyo,



Ventura Camacho

08 octubre 2012

Carta 27.



Querida Anay, 

Mi torpeza, la torpeza de la vida laboral, la tediosa fábrica de imperativos e incompatibilidades horarias
el hombre es el único animal que usa relojes, repite insistentemente Machado en mi conciencia urbanita,-  
esa torpeza que yo mismo fabrico, de la que soy creador,  ha impedido que a día de hoy, a instante de ahora, pueda decir una sola palabra exacta sobre Medidas Cautelares, éste  tu último libro que ahora, junto a la gente que quieres,  presentas en donde uno pone los pies y dice infancia, y que yo no he podido leer pero que creo que, paradójicamente, ya he leído.
Con esta incoherencia me cuelo esta tarde en esta fiesta, siempre con permiso de Elena Sagredo y  bajo el paraguas de un hermoso gesto de amistad hacia tu persona que me emociona en la distancia y agradezco.
A favor mío, a favor nuestro, puedo decir que hemos hablado del libro – y aquí explico la paradoja anterior-  las veces en las que hemos sido espacio común, encuentro con amigos, paseo por Barcelona, por El Prat, tú soportando mi desorden mental, mi vehemencia, y yo enredado en tu voz y discurso pausado y suave, casi en oleaje y bajamar . Esa manera tuya de gritar en el susurro.  
Yo celebro ahora esta hermosa complicidad que entre usted y un servidor se ha establecido tácitamente. Siempre que nos vemos y tiramos del hilo de nuestros proyectos acabamos reflejando lo personal sin el detalle, el diamante sin el pulir. Del verso a la vida  y de la vida  de nuevo al verso. La poesía y la amistad, como las vacas, tienen dos estómagos.  
Si te digo que todavía no puedo, que aun no he podido escribir ciertas cosas me entiendes y me dices “Turno de Réplica”, si me hablas de Medidas Cautelares sin saber todavía que ése sería su título definitivo dejas que me asome a ti antes de diluirte en el libro.  Y este libro para mí ha ido creciendo y configurando una estructura en el aire en diferentes momentos y conversaciones.  He presenciado su crecimiento en cierto modo, y he hecho en cierto modo una prelectura inventada.
Yo, como Elena,  también tengo cosas que agradecerte. Tu sinceridad y tu compartir lo que mis libros te han dicho, tus ánimos cuando ves que no escribo y deseas que lo haga, que me celebres alguna que otra fotografía. Una palabra Sala y Suberviola bastará para sanarme.  Levántate y escribe, te falta decirme. Pero sobre todo quisiera darte las gracias por algunas cosas menos bíblicas, tu poesía por ejemplo, tu manera de decir algunas tristezas:

Desde que tú no estás todo es patraña./Una excusa pueril para ir tirando
Algunos de los versos donde últimamente me he encontrado:
Perdida / en la repentina ausencia/ de tu nombre
Porque quizás la escritura sea simplemente eso, querida Anay, un punto de donde encontrarse el uno consigo mismo, y el uno con el otro.
Para libre el amor / con sus cadenas / con sus prisiones hechas a medida / Desde mi soledad /bien elegida/ proclamo su victoria / humildemente
Escribes, y cuando todo parece oscuro añades:
Y qué más da, seguimos caminando /cargando de esperanzas el futuro

Con la esperanza de que a tu vuelta podamos vernos y hablar del futuro,
te saludo aquí, en esta Navarra epistolar, y saludo al respetable y les agradezco la invitación

atentamente

Ventura Camacho

14 enero 2010

Carta 25.

Querida Stella

Seguimos adelante con esta apasionante partida de pintar poemas. Una pasión lenta, sin bulla. Y el árbol espera agarrado de raíz a lo más hondo. Igual que nosotros. Ya nota el trazo del pincel, tu postura inclinada hacia adelante, dando la sombra de un árbol en la mesa. El árbol no reprocha que lo observemos ni que lo ignoremos, no nos necesita para sentirse árbol. Por eso escojo ahora este poema: [El árbol, El bosque]. Necesitamos que reparen en nosotros para autoafirmarnos. Y necesitamos del árbol para la sombra. Eso nos riega. Creo que es necesario sentirse ridículo cada cierto tiempo, especialmente frente a los grandes árboles. Recuerdo ahora los veranos en Extremadura bajo los alcornoques. Ser testigo de los hombres descorchando los troncos. Eso ocurre cada nueve años aproximadamente. Mi primo fabrica una nave espacial recortando el corcho poroso con una navaja con mango de olivo bajo la sombra de la higuera. Camiones circulando por el arcén de las largas carreteras secundarias. El miedo a adelantarlo, a que cientos de kilos de piel de árbol aplasten la máquina con ruedas que nos desplaza bajo el sofocante calor hacia la sombra. Y sentirse pequeño, no niño, pequeño. Porque niño no se siente, se es. Y más adelante en la memoria, cruzar el bosque hacia las cumbres más altas. Buscar lo alto, el mejor lugar donde ver la vista. El relieve cambia a medida que descendemos. Dejando los lagos atrás, la zona lunar, volvemos al bosque. Creemos que todos nuestros gestos nos harán grandes y sin embargo ese camino nos aleja, y nos empequeñece. La humildad es un trozo de corcho en la memoria.

Espero que estas palabras enciendan el mecanismo y ahora imagines y reconstruyas tus árboles y hagas tuyo el poema.

Y que perdones este desorden de frases y retales memorísticos, que he ido escribiendo como se recuerda: en desorden.


Abrazo

ventu

08 diciembre 2009

Carta 22.

Querida Stella,

El Pájaro, el vuelo! difícil de explicar este poema, amiga. Imagina el pájaro antes de su primer vuelo, el sol recién salido, las alas y las plumas húmedas por el rocío de la mañana, el miedo antes de saltar (esto es un equívovo, porque dudo que un pájaro tenga miedo de eso, es algo instintivo). Quizás esa sea la clave, la contraposición entre lo que es institivo en el animal sin humanizar y lo que es miedo, raciocinio en el animal humano.

En el fondo quisiera que fuera una metáfora de enfrentarse a la vida, al recorrido vital...ese vértigo que nos recorre en la toma de decisiones. El samurái contempla en su reflexión y meditación esta escena y se plantea cómo será su vida (en ese momento histórico del japón donde los samuráis pierden su estatus social y son degradados en cierto modo, tienen que cortarse la coleta y son obligados a dejar de llevar armas). Para ellos fue como una degradación moral, una humillación que llevó a muchos al seppuku o harakiri, inclusa a algunos a alazarse contra el sistema en conatos de pequeñas rebeliones (sofocadas por el ejército japonés). Los samuráis eran amigos de la lanza y de la espada, pero también del haiku (pequeña estrofa métrica de 7, 5 y 7 versos) donde condensaban en tres versos grandes reflexiones.
Este es un poco el sentido del poema. Lo de la decadencia del samurái puede entroncar con la decadencia moral de cualquier persona, la derrota personal de la sociedad en la que vivimos y nos vemos abocados a comulgar con ruedas de molino, a pasar por el aro....


Bueno, ya no sé si todo esto lo dice el poema o me lo invento sobre la marcha... ahora te toca a ti.....ilustra!!!

Ventu

15 noviembre 2009

Postal 04.


Querido Alexis,

no sé si el mar será igual en todos los lugares del mundo. No tendré tiempo en vida para comprobarlo. Pero veo los mares que he visto y no puedo apartar el pensamiento de imaginar cómo será el tuyo, el de tu Habana, ahora que sé que has decidido colaborar en el proyecto de "Poesía en el Tupper", la misma idea que tuvieras tú, como me cuentas, años atrás, y como se viene haciendo desde años en La Habana, ron mediante, amigos y casas.

Sólo saludarte brevemente,
ya espero el momento de coincidir en persona, amigo.
un abrazo
El mar es el de Liverpool. Ya tuyo también.

Ventura

Postal 03.


Aunque con meses de retraso, amigo Jorge, te mando esta postal de Fuerteventura. Y

me pregunto si llegará el día en que nos veamos las jetas y acabemos de decidir qué hacer con lo de Ciudad Poética. Creo que vamos a tener que hacer un encuentro en breve.

me saluda usté a su gente.

Le abraza

Ventura Camacho

08 noviembre 2009

Carta 20.

Querido Víctor,

contigo me agarro a esa valentía creada virtualmente que nos da la torpeza suficiente (o el acierto) para dirigirnos con total confianza como si de viejos amigos nos tratáramos. Tiene que ver, intuyo, con nuestras áreas geográficas compartidas, nuestros espacios en común, vaya, con las amistades que compartimos gracias a la poesía. Yo sé de ti lo que quisiste decir en la entrevista de Sopa de Poetas y eso es suficiente. No sé lo que sabes de mí y eso es también suficiente.

Y además me confesaste tu aprecio a este género epistolar y cómo lo cultivas con algunas amistades. Ahora yo lanzo carta y me siento a esperar respuesta, que me cultives un rato.

No sé que pensarás, ¿A través de sus cartas se conoce al poeta “desliteraturizado”, o ¿quizás deberíamos decir otra faceta del poeta “humanizado”? Dos preguntas absurdas donde las haya con respuestas de escaso valor, probablemente. No sé, pensaba ahora en eso.

Yo tuve la necesidad en su día de leer el Epistolario completo de García Lorca porque quería ver cómo era en su intimidad el hijo, el hermano, el amigo… y eso me llevó tirando del hilo a otros muchos epistolarios que me dan un aire más completo y sin duda más cercano, de otros tantos escritores. En Salinas, sin ir más lejos, sus cartas son estudios personalísimos de sus mejores obras: amor / carta / poesía son casi la misma cosa en algunos momentos.

Habría que aclarar cuánto dice de nosotros una carta.

Yo aprovecho para preguntarte sobre tus cosas, sobre tu Valencia en llamas, sobre las
acciones poéticas que lleváis a cabo por el Levante y sobre tu poesía. Me gustaría saber más, en qué andas, y con quién….para decirte quién eres, claro!

Admite esta breve carta desordenada como un inicio y tenga usted la bondad de contestarme.


Ahí te llega el abrazo.


Ventura

Carta 19.

Querida Verónica!


Tengo una deuda de tiempo y contestación a tu carta de junio. Aquí mis disculpas en fila de a dos.


Me gustó aprender de tu carta algo que sólo imaginaba y es que a veces las personas no se conocen pero se intuyen positivamente. Créeme que me pasa lo mismo.

Sé por tus palabras que buscaste mi libro por Granada sin éxito y ese fracaso tuyo es un regocijo mío extraño, de esos inconfensables. Simple: es difícil de explicar que alguien esté interesado en las cosas que un servidor tenga que decir y dedique de su tiempo una parte pequeña a buscar el libro. Porque que nos digamos cosas así, en mitad de la calle, frente a la librería de Alea Blanca, está bien, pero el poema escrito, el que tienes delante y citas, ése no rectifica, no tartamudea, no entona ni cambia de tema, se queda inmóvil donde se decidió que era definitivo y ahora, se mueve en tu lectura de nuevo, pero dice lo que dice, y no puede ser más de lo lo que es…


No sé por qué te escribo esto. Tampoco me preocupa demasiado. Sé que si no me entiendes con intuirme bastará. Me hablas en tu carta de ríos, y con el Darro hemos topado. Salto atrás en la memoria y me haces salir de casa y bajar la calle hasta el Paseo de los Tristes (he tardado un minuto) y escuchar esa mañana soleada granadina junto al río y maldecirte, sí, por sembrar el veneno de la nostalgia de nuevo.

Y que pasen cien años más sin entendernos en un verso, que recorreremos sólo un instante sin admirar a quien escribe porque no sabe hacer otra cosa y duda si alguien entenderá que lo que escribe tiene de incierto desde el inicio al fin.

Un abrazo

Ventura

17 octubre 2009

Carta 18. In memoriam.

Barcelona, 16 de octubre de 2009.



Julio, amigo. Ya no estás.

No sé si la carta que me enviaste hace escasas semanas era para publicarla en este epistolario o si no, si simplemente querías que esas cuantas líneas fueran tu manera de justificar el silencio de los últimos meses, de esta distancia física que separaba nuestra Granada de nuestra Barcelona. Te lo pregunté pero no llegó a tiempo la respuesta.

Déjame decirte que eres mi primer muerto en Granada. Y eso me enseña que la ciudad me pertenece ahora un poco más. Ya sé que hablo de la muerte con brusquedad en esta frase, pero no quisiera disminuir el dolor de la pérdida. No es la palabra la que hiere, sino la ausencia que encierra. A la muerte se le habla con sinceridad. Tú lo entenderías.

Las ciudades que se saltan las reglas, las que ahogan la emoción, las que son vida, muerte y reencarnación, ésas son las ciudades que nos pertenecen definitivamente. Tú ahora me perteneces para siempre y sé que Granada también. No sabes cómo te lo agradezco. Eso te lo debo a ti.

Uno no espera nunca el helado viento que recorre la carne y detiene lo insignificante de a diario para decirte lo que no uno no desea oír jamás.

Corro a la librería, busco tu libro, abro las primeras páginas y aparece tu dedicatoria:

Like a bird on the wire
Like a drunk in a midnight chour
I have tried in my way to be free

(Bird on the wire, L. Cohen)


Y luego me llamas amigo, poeta, te alegras de haberme conocido y me llamas “rara avis” y entonces sonrío, y sé por qué lo dices… Insistes, siempre amigo sincero, dices como despedida, y le doy la importancia de un templo a esas tres palabras. siempre, amigo, sincero…

Voy al comedor, busco en la bolsa, saco el libro de Mishima y releo el fragmento en el que habla de la reencarnación. Enciendo el incienso y la vela esperando guiar así tu alma errante hasta aquí. Cone le tiempo aturdido me siento a esperar. Tengo entre 7 y 77 días para saber en quién te reencarnarás, y aguardo, en la letanía de tus versos, en la piel de tus meses.

Busco el poema dedicado al mes de octubre y leo:

(…) Pero tú, al final del pasillo de los meses
me esperas tranquila y poderosa,
segura de llevarme cautivo y sin regreso
por esta última tarde de octubre.


Me acuerdo de tu Carmen. Ella te llora en desconsuelo ahora. Me lo ha dicho Marta. No podrá olvidar el mes de octubre.

Me repito cien veces que teníamos una amistad especial a pesar del poco tiempo compartido. Cinco veces lo repito y cien veces te revivo.

Tiro atrás, hacia las cosas que apuntalan sin dar voces. Recuerdo como después de leer mi “Alas de insecto” viniste a mí para agradecerme el libro. Me contaste que en un viaje de visita a tu hijo, con tu exmujer, leísteis el libro y los poemas golpearon la conciencia, sirvieron de reflejo de algo muy vuestro. No sé si supe decirte lo que tus palabras causaron en mí, si supe agradecerte la generosidad de contarme lo íntimo, lo que ponemos cerca de la sombra.
Y hablamos mucho de aquello y poco o nada de poesía.
Quiso la voluntad del que da forma a nuestros argumentos, que fueras una de las últimas personas que viera el día antes de abandonar Granada. Y precisamente ese encuentro casual, cerca de casa en el Paseo de los Tristes, tenía mucho que ver con lo que nos unió, con aquello de lo que tan sentidamente hablamos. Vi en tu mirada cierto orgullo de padre y una extraña alegría por la oportunidad brindada de conocer a tu hijo. Nos deseamos suerte mutua, dejamos en el Darro varios consejos para la vida, y no volvimos a vernos.

¿Qué hubiera pasado si por causas del azar, la persona que tenía que haber leído aquel jueves de abril en la Senda de Oro no hubiera fallado desarmando así la oportunidad de hacerte el hueco del que ya no disponíamos para ti entre los poetas que leerían? Estamos unidos por azares preciosos.

A tu manera has intentado ser libre, como Cohen.

Y en esa carta que me envías junto a los teléfonos que había perdido me cuentas tu lucha contra la muerte. Nombras el archivo adjunto con “Querido y añorado Ventura” y el título ahora rechina en mis dientes y me estremezco. “No he querido darle mucha publicidad entre los amigos” me cuentas, “Quien lo sabe, me pregunta. Quien no lo sabía desde el principio, lo va sabiendo ahora”.

Lamentas además no haber tenido el tiempo, las fuerzas de escribir alguna carta para el Epistolario. “Recibe la fuerza de mi amistad y mi cariño” me escribes y lo que pasaría por una mera formalidad, se torna en profundo dolor.

Un día de estos te llamo, te había escrito yo. Y no lo hice. Es mío ahora el lamento de las cosas que tendrían que haber sucedido y no lo hicieron. Pero ahora lo hago, con esta carta y estos versos que escribí hace solo unos pocos días que ahora son tuyos:

Este aroma,
el incienso buscando el todo
y destinado a la nada,
esta fragancia
ascendente,
te orienta por siempre
hacia mí.

El poema es más extenso, querido Julio, pero no he escrito todavía lo que sigue.

Siempre amigo sincero,

Ventura

09 febrero 2009

Carta 13.

Barcelona, 9 de febrero

Querido Álvaro,

tal y como acordamos, te envío a continuación la transcripción de le entrevista que sobre Machado y la Otra Sentimentalidad te hice hace unos meses ya en Granada. Te ruego que compruebes la exactitud de mis notas y aprovecho para saludarte.

Espero nos veamos en junio por allá, ya lejos del frío castigador de Sierra Nevada.

Un abrazo.

Ventura





Álvaro Salvador, en relación con la génesis de la Otra Sentimentalidad, declara que “a partir de las teorías de Juan Carlos Rodríguez, profundizaron en los escritos de Antonio Machado, Bertolt Brecht , Pasolini, Jaime Gil de Biedma, entre otros…”. Para el objeto de mi estudio me interesan en particular el caso de Machado y el Gil de Biedma, y por extensión los poetas del 50 y la posibilidad de hilvanar una “herencia sentimental” con origen en la concepción poética de Machado, heredada por el grupo del 50 y posteriormente por La Otra Sentimentalidad.

¿En qué se medida se “profundizó” en la obra de Machado bajo la “tutela” de Juan Carlos Rodríguez?

En 1976, con motivo de un homenaje a Machado, Juan Carlos Rodríguez publicó un ensayo titulado “Machado, espejo de la realidad española” que nos descubrió la dimensión de Machado profundamente política y ética, tan importante en aquella época. Este artículo se publicó más tarde en Letras del Sur y Juan Carlos lo recogió en la Norma Literaria. Desde entonces aprendimos a leer a Machado de otra manera, sobre todo al Machado de Juan de Mairena y de Los Complementarios.


Desde el mismo “nombre” (La Otra Sentimentalidad) el vínculo con Machado es claro y manifiesto. “Nada tan voluble como el sentimiento – dice el poeta sevillano- Esto deberían aprender los poetas que piensan que les basta sentir para ser eternos. ¿Por qué se identifican con estas ideas en los años 80?

Porque nos pareció que para intentar una renovación profunda de la poesía española, demasiado verborreica entonces, debíamos entender en profundidad su carácter, su verdadero funcionamiento. El análisis de Machado nos pareció el que mejor sabía conjuntar los aspectos racional y el emocional que iban de la mano en el discurso poético.


¿Cuál sería el verdadero “punto de enlace” entre la generación del 50 y la Otra Sentimentalidad?

Los puntos de enlace fueron varios. Personales, como el caso de Gil de Biedma y Ángel González y también literarios: la comprensión del discurso poético como histórico, la necesidad de un lenguaje sencillo, directo y comunicativo, la recuperación de ciertas tradiciones, sobre todo la más enraizada en la tradición poética popular, la incorporación de nuevos fenómenos de masa como la nueva canción popular, el cine, etc.


¿Cree usted que los poetas del 50 y los poetas granadinos de la Otra Sentimentalidad podrían estar en la nómina de “Los poetas futuros de mi antología” como se refería Machado a aquellos poetas “cultivadores de una lírica otra vez inmergida en las “mesmas agua de la vida”?

Creo que sí, sin ninguna duda.


Hay parte de la crítica que les acusa de haber hecho un “rescate” parcial, sesgado de la obra del poeta sevillano. Entre las acusaciones “destacamos” las de Carlos Javier Morales que dice:

El Machado, que espera “la España que alborea” habla de una nueva moral ( de una forma nueva de vivir la moral esencial del hombre) .No es cierto que Machado abogue por una nueva moral definitiva y “ya sin provisionalidad ninguna”, como si las formas históricas de la moral esencial del hombre llegaran a su perfección suma en una época histórica venidera – la época de la otra sentimentalidad-¡!!

Entra en contradicción con la propia “historicidad de los sentimientos” defendida en el mismo manifiesto nos induce necesariamente a pensar que la nueva ética y estética de la “otra sentimentalidad” alcanza un grado de perfección poética más allá del cual no puede concebirse ninguna evolución” Contradice las ideas de Machado y augura para poesía un estancamiento. (Antonio Machado en la Poesía española Pág. 284)

¿Cómo se han defendido de estas acusaciones?

Bueno, yo no me he defendido de ninguna manera. El argumento de Carlos Javier Morales me parece una tontería digna de los que respiran “ideología” sin saber que lo hacen. Nosotros jamás confundimos las teorías de Machado sobre la historicidad de los sentimientos y los valores con las jerarquías neopositivistas que nos atribuye Morales. No sólo no pensamos en alcanzar ninguna perfección, sino que, como buenos machadianos, no creemos ni creíamos en la “perfección”, ni creíamos ni creemos que con nosotros se terminaba todo ni nada de eso.

¿Podría considerarse la Otra Sentimentalidad como un giro más de tuerca en la concepción de la poesía social, es decir, que ya los Gil de Biedma y compañía parecen ir más allá de los postulados de la primera generación de posguerra y las generaciones de “fin de siglo” abandonan “el problema de la patria” para adentrarse en otras cuestiones más universles.

Sí y no. Sí, en cuanto que nosotros nos consideramos herederos de esa reflexión sobre la función del arte que se inicia con las vanguardias y se continúa con la poesía social y comprometida. Y no en la medida que queremos ir más allá, romper con dicotomías como la de forma y contendio, comunicación y conocimiento, etc.



El magisterio de Jaime Gil de Biedma en un principio parece ser el más influyente entre los del grupo. ¿Por qué ponen los ojos en su figura?

Gil de Bidma era sin duda el poeta más “moderno” de su generación, el que más cerca estaba de nosotros en cuanto a su concepción de la poesía y de la figura social del poeta.



¿Cómo fue (o es) la relación entre los del 50 y los poetas de Granada? ¿Cuáles fueron los vínculos personales y literarios entre los del grupo, y en especial en relación con la figura de Machado?

Bueno, la relación se inició con Gil de Biedma y luego se continuó con Carlos Barral, Ángel González, Goytisolo y los demás. En el año 85 se celebra un gran Congreso, organizado por la revista Olvidos de Granada, que era el órgano impreso de “la otra sentimentalidad” en Granada y ellos vienen casi todos. Al año siguiente vuelven a venir para la presentación del número especial dedicado al Congreso y a partir de ahí, tanto sus visitas como las nuestras a Barcelona son muy frecuentes, así como las llamadas y la correspondencia. La interrelación con Machado no es tan directa, ellos lo leyeron y lo reivindicaron en sus revistas y colecciones, sobre todo frente a la lectura torticera que había hecho la revista franquista Escorial, y sus herederos, y nosotros lo leímos en nuestro tiempo y con nuestros puntos de vista. Pero lo cierto es que sus lecturas y las nuestras coinciden en numerosos puntos esenciales.
¿Cuál es la lección que Machado puede dar a los poetas en el siglo XXI?

Varias lecciones. La primera es demostrar que la poesía sigue siendo palabra en el tiempo y que lo verdaderamente difícil es hacer una poesía que aparentemente sea fácil y comunicativa y simultáneamente profundamente moral, emocional e inteligente. La poesía de Machado, por otra parte, creo que tiene mucho que decir a un mundo preocupado por la ecología y el medio ambiente.


08 febrero 2009

Carta 12.

Tarde de viernes, 6 de febrero de 2009.


Querido Mario,

Confieso que algunas tardes, y siempre a escondidas, renazco infantil y me entrego al juego, al valiosísimo tesoro del niño, para rememorar aquella tarde de junio donde tuvimos la oportunidad de compartir la voz y la voluntad de ser escuchados junto a Carmen, Mariano, Òscar y Pepe en el Carmen de la Victoria de Granada. Todo era final entonces, fin de ciclo. Sin embargo, envalentonado, voy más allá ejerciendo de recordador y releo aquel mensaje tuyo de felicitación por mi premio. Hace casi tres años de eso. Y pienso, - y pensé – “es de generosos el celebrar las dichas ajenas”, y eso lo apunto, en garabato, en una imaginaria lista de cosas valiosas, de gente buena. Que nuestra amistad creciera así, desde ese punto generoso, me satisface y me da motivos para celebrarlo hoy por carta.

Más tarde vinieron los libros, tu siempre sincera opinión sobre mis poemas, mi admiración total, incondicional, a lo tuyo, a tus libros irreprochables, porque hay libros, amigo, a los que no hay nada que reprocharles: Todos lo miedos, El libro de los hundidos, Guerra del fin del sueño, y la esperada novela que me acompañó a Menorca hace dos septiembres: Boxeo sobre hielo, ejercicio inteligentísimo de contar las cosas como tú las cuentas.

Nos une un extraño currículum vital coincidente: Tú de Sabadell, yo de Barcelona, ambos del 75. Pueblos como Priego que tienen que ver mucho contigo, algo conmigo. La música, los tiempos de querer ser músico. Granada, donde vivirías durante unos años, antes de seguir rumbo a Córdoba, por donde paseo algunas tardes de estas que comento más arriba.

Me acordé de ti el otro día en la Biblioteca. Alcancé del mostrador un volumen con uno de esos títulos genéricos que a uno le hacen creer que si los lee alcanzará el saber total: Teorías Literarias del Siglo XX, de José Manuel Cuesta Abad y Julia Jiménez (o Julià, no sé, no recuerdo con exactitud el nombre, o para ser sincero, no entiendo mi propia letra en la hoja donde lo apunté). Que me acordara de ti tiene una explicación al margen de que nacieras en el Siglo XX y pertenezcas al mundo de la literatura: Uno de los apartados del libro/tocho recorría la relación entre literatura y filosofía. Ahí entras tú: profesor de filosofía y escritor. Leo a María Zambrano decir desde su libro Pensamiento y Poesía:

"Se nos antojan dos mitades del hombre: el filósofo y el poeta. No se encuentra el hombre entero en la filosofía, no se encuentra la totalidad de lo humano en la poesía. En la poesía encontramos al hombre concreto, individual. En la filosofía al hombre en su historia universal, en su querer ser. La poesía es encuentro, don, hallazgo por gracia. La filosofía busca, requerimiento guiado por un método".

Y más adelante remata: "Lo indecible busca el decir".

Y por eso esta carta, y por el tiempo que no pasamos juntos, pero estamos.

Era sólo eso y el deseo de carta de vuelta, con noticias de su Córdoba poética y de sus nuevos proyectos esperados por un incondicional “supporter” como yo.

Ventu

A sus pies.